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研究显示:九成男性既不“有毒”也不性别歧视

一项新研究揭穿了关于男性气质的神话:只有十分之一的男性表现出有毒态度,并提出了更有效的预防方法。...
研究显示:九成男性既不“有毒”也不性别歧视



目录

  1. ¿La mayoría de los hombres es tóxica? Lo que realmente encontró el estudio
  2. Qué es realmente la masculinidad tóxica (y qué no es)
  3. Los cuatro perfiles masculinos que detectó el estudio
  4. Si la mayoría no es hostil, ¿por qué sentimos tanta violencia machista?
  5. Prevención más precisa: cómo enfocar mejor las campañas y la educación
  6. Desde la consulta y los talleres: historias que desmontan mitos

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En los últimos años se volvió casi un mantra: “la masculinidad es tóxica”. En redes sociales, en debates, en sobremesas. Pareciera que si naces hombre, traes instalado de fábrica un combo de machismo, hostilidad y ego inflado tamaño continente.

Pero la ciencia trae noticias interesantes: la mayoría de los hombres no muestra actitudes hostiles ni sexistas. Y esto no significa negar la violencia ni minimizarla, sino mirarla con más precisión para poder prevenirla mejor.

Acompáñame, que lo vamos a desarmar con psicología, humor y un poquito de experiencia clínica y de charlas con hombres que, te juro, sufren mucho por estos estereotipos :)

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¿La mayoría de los hombres es tóxica? Lo que realmente encontró el estudio



Un equipo de investigación en Nueva Zelanda analizó a más de quince mil hombres adultos de distintos contextos, de entre 18 y 80 años. No hablamos de una encuesta improvisada en redes, sino de un estudio publicado en una revista académica especializada en hombres y masculinidades.

¿Qué hallaron?


  • Casi nueve de cada diez hombres no mostraron rasgos claros de lo que la literatura llama “masculinidad tóxica”.

  • El 89,2 por ciento de los participantes no presentó patrones preocupantes de hostilidad ni sexismo.

  • Solo alrededor de un 10 por ciento se ubicó en perfiles de mayor riesgo por su combinación de actitudes sexistas, hostiles o dominantes.



Es decir, la mayoría de los hombres no encaja en el estereotipo del macho agresivo, controlador y misógino que muchas veces circula en redes.

Como psicóloga, esto coincide con lo que veo en consulta:
La gran mayoría de los hombres que llegan a terapia no entra diciendo “vengo a aprender a dominar mejor a mi pareja”, sino cosas como:


  • “Tengo miedo de convertirme en el tipo de hombre que odio”.

  • “No quiero repetir lo que vi en mi casa, pero no sé cómo hacerlo distinto”.

  • “Siento que siempre soy el malo, aunque intento hacerlo bien”.



Estas frases no justifican comportamientos dañinos, pero sí muestran algo clave: muchos hombres se sienten cuestionados y confundidos, no orgullosos de un machismo militante.

Te sugiero leer: El tipo de hombre tóxico que te atrae según tu signo zodiacal


Qué es realmente la masculinidad tóxica (y qué no es)



El estudio no usó el término “tóxico” como etiqueta moral, sino como conjunto de rasgos medibles. Trabajaron con ocho indicadores que se relacionan con formas problemáticas de entender la masculinidad:


  • Identidad de género rígida: creer que “ser hombre” exige comportarse de una sola manera, inflexible.

  • Prejuicio sexual: juzgar o despreciar a personas por su vida o identidad sexual.

  • Desagradabilidad: tendencia a mostrarse frío, poco empático, duro con los demás.

  • Narcisismo: necesidad extrema de admiración, sensación de superioridad sobre los otros.

  • Sexismo hostil: creencias abiertamente negativas y agresivas hacia las mujeres.

  • Sexismo benevolente: ideas que “parecen halagos” pero colocan a las mujeres como frágiles o inferiores, por ejemplo “ellas no deberían preocuparse por trabajar, los hombres las debemos proteger”.

  • Resistencia a la prevención de la violencia doméstica: justificar o minimizar la violencia en la pareja o en la familia.

  • Orientación a la dominación social: preferir jerarquías rígidas donde unos grupos mandan y otros obedecen.



Cuando varios de estos factores se combinan en niveles altos, aparece lo que llamamos masculinidad tóxica.

Y aquí un punto muy importante:


  • No es tóxico llorar.

  • No es tóxico ser fuerte físicamente.

  • No es tóxico disfrutar del liderazgo.


Se vuelve problemático cuando la fuerza se usa para dominar, cuando el liderazgo excluye, cuando la idea de “ser hombre” implica controlar y someter.

En mis talleres con hombres jóvenes suelo hacer una pregunta incómoda:
“¿Cuál fue la primera vez que te dijeron que algo que sentías ‘no era de hombre’?”

La mayoría recuerda:

  • Llorar de niño.

  • Tener miedo.

  • Querer jugar algo “considerado femenino”.



Aquí ya se instala la semilla: si no me permiten sentir, ¿qué hago con la rabia, el miedo, la frustración? Cuando no aprendes a gestionar las emociones, es mucho más fácil que salgan en forma de violencia o control.

Te sugiero leer:¿Debo alejarme de alguien tóxico? Cómo saberlo.


Los cuatro perfiles masculinos que detectó el estudio



El análisis estadístico permitió agrupar a los participantes en cuatro grandes perfiles. No todos los hombres se comportan igual, y eso es una excelente noticia para la prevención.

1. Perfil “atóxico”


  • Abarca alrededor del 35 por ciento de la muestra.

  • Muestra niveles muy bajos en los ocho indicadores problemáticos.

  • Son hombres que no suelen sostener ideas sexistas ni actitudes de dominación.



Aquí caen muchos hombres que sí sufren los estereotipos, que se sienten señalados solo por ser varones, pese a vivir relaciones igualitarias o intentarlo activamente.

2 y 3. Perfiles de masculinidad de bajo a moderado riesgo


  • Sumados representan algo más de la mitad de todos los hombres evaluados.

  • Presentan algunos rasgos problemáticos, pero en niveles bajos o moderados.

  • No se ubican en extremos preocupantes, aunque sí conviene trabajar creencias y hábitos.



En consulta veo muchos hombres de estos grupos: no se consideran machistas, pero sueltan frases como:

  • “Yo la cuido, por eso prefiero que no salga sola de noche”.

  • “Yo ayudo en casa”.


Y entonces hablamos de cuidado que controla y de por qué “ayudar en casa” sugiere que la casa es de ella.

4. Perfiles de alta toxicidad

Aproximadamente un 10 por ciento muestra señales claras de masculinidad tóxica. Aquí los investigadores distinguieron dos subgrupos:


  • Tóxicos benevolentes (alrededor del 7 por ciento)

    • Presentan altos niveles de sexismo “caballeroso”.

    • Pueden tratar a las mujeres como “tesoros que cuidar”, pero desde un lugar paternalista.

    • No siempre manifiestan hostilidad explícita, lo que vuelve sus creencias más difíciles de detectar.



  • Hostil tóxico (algo más del 3 por ciento)

    • Manifiestan sexismo abierto y agresivo.

    • Tienden a oponerse a políticas contra la violencia de género.

    • Muestran mayor narcisismo y gusto por la dominación.





Desde la psicología sabemos que un grupo pequeño, con actitudes muy dañinas, puede generar un impacto social enorme. Este tipo de hombres aparece más en noticias policiales, casos de violencia extrema y discursos de odio.

Eso explica por qué percibimos que “todos son así”, aunque los datos muestren lo contrario.

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Si la mayoría no es hostil, ¿por qué sentimos tanta violencia machista?



Buena pregunta, y muy necesaria. Varias cosas se mezclan aquí.

1. El efecto foco: lo extremo se ve más

Los casos de violencia machista grave ocupan portadas y titulares, como corresponde. Lo terrible no debe pasar desapercibido.
El problema aparece cuando generalizamos ese perfil a todos los hombres. Nuestro cerebro tiende a recordar mejor lo impactante y lo peligroso.

2. Estructuras que siguen siendo desiguales

Aunque muchos hombres no actúen de forma hostil, vivimos en sociedades que todavía arrastran desigualdades:


  • Brechas salariales.

  • Distribución desigual de tareas de cuidado.

  • Menor credibilidad cuando una mujer denuncia.



Eso significa que incluso hombres bien intencionados pueden beneficiarse de un sistema desigual sin darse cuenta. Por eso no basta con pensar “yo no soy violento”, hace falta revisar privilegios y roles.

3. Dolor acumulado en las mujeres

En sesiones con mujeres escucho frases como:

  • “No confío en los hombres, punto”.

  • “No tengo energía para diferenciar, me cansé”.



Cuando una mujer carga años de micromachismos, acoso callejero, silencios cómplices y comentarios sexualizados, resulta comprensible que generalice. No es “justo” a nivel estadístico, pero tiene sentido a nivel emocional.

Como terapeuta, suelo proponer un equilibrio:

  • A las mujeres: cuidar su seguridad y su salud mental, incluso si eso implica poner límites muy claros a los hombres en general durante un tiempo.

  • A los hombres que sí quieren cambiar: no ofenderse defensivamente, sino comprender que ese enojo social nace de un dolor real.



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Prevención más precisa: cómo enfocar mejor las campañas y la educación



Uno de los grandes aportes del estudio tiene que ver con la prevención. Si no todos los hombres son iguales, no sirven las mismas estrategias para todos.

Podemos pensar en distintos niveles de intervención:

1. Con la mayoría no tóxica

Estos hombres pueden convertirse en aliados clave. ¿Cómo?


  • Formándolos en detección temprana de conductas de control en amigos, compañeros o familiares.

  • Involucrándolos en programas de paternidad corresponsable y roles de cuidado.

  • Invitándolos a hablar de emociones con otros hombres, para romper el mito de que “entre hombres no se habla de estas cosas”.



En charlas de empresa, cuando pido que hombres cuenten un momento en que se sintieron vulnerables, al principio reina el silencio incómodo. Después, cuando se abre el primero, se arma una catarata. La prevención también pasa por ahí: normalizar que los hombres se muestren humanos.

2. Con los perfiles de riesgo bajo o moderado

Aquí funcionan muy bien:


  • Espacios de reflexión sobre micromachismos y “chistes inofensivos”.

  • Dinámicas que cuestionan el sexismo benevolente: por ejemplo, “ella no debería cargar cosas pesadas” cuando ella sí quiere y puede.

  • Programas de educación emocional, especialmente en adolescentes y adultos jóvenes.



Una dinámica que uso mucho: invito a los hombres a imaginar cómo se sentirían si, cada vez que salen solos de noche, tuvieran que compartir ubicación en tiempo real por miedo a sufrir una agresión. Eso cambia mucho la conversación.

3. Con los perfiles de alta toxicidad y hostilidad

Aquí ya hablamos de intervenciones especializadas:


  • Programas terapéuticos obligatorios para agresores, con evaluación seria de cambios de conducta.

  • Trabajo directo sobre creencias de dominación, narcisismo y legitimación de la violencia.

  • Políticas públicas firmes que envíen un mensaje claro: la violencia tiene consecuencias reales.



No basta con campañas dulces; en estos casos la prevención debe articular educación, justicia y acompañamiento psicológico.

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Desde la consulta y los talleres: historias que desmontan mitos



Te comparto algunas escenas (adaptadas para cuidar la confidencialidad) que veo una y otra vez.

El hombre que temía ser “como su padre”

En terapia, un paciente me dijo:
“Mi papá gritaba, rompía cosas, hacía sentir miedo. Yo no hago nada de eso, pero igual mi pareja me dice que desconfía de los hombres. ¿Qué hago?”

Trabajamos en dos frentes:


  • Ayudarlo a reconocer y sostener sus propias conductas sanas, sin cargar con culpas que no le pertenecen.

  • Abrir un diálogo con su pareja sobre los miedos de ella y los esfuerzos de él, para construir confianza poco a poco.



Aquí se ve algo clave del estudio: la mayoría de los hombres no quiere parecerse a los modelos violentos que conoció. Muchos llegan a consulta justamente para cortar con ese legado.

El “caballero” que no veía su sexismo benevolente

En un taller, un hombre se sentía orgulloso de decir:
“Yo jamás permitiría que mi mujer trabaje, yo la mantengo y la cuido”.

No insultaba a las mujeres, no justificaba la violencia física, pero sostenía una idea profundamente paternalista. Cuando le pregunté si su pareja estaba feliz con ese acuerdo, se quedó callado. Tiempo después, ella comentó que se sentía enjaulada.

Este es el tipo de perfil que el estudio llama “tóxico benevolente”:


  • No necesariamente agrede, pero limita la libertad.

  • Coloca a la mujer en un pedestal, siempre y cuando obedezca el molde que él espera.



Trabajamos en replantear la idea de cuidado por una de equipo: dos adultos que se acompañan, no uno que decide por el otro “por su bien”.

Astrología, hombres y etiquetas

Como astróloga, muchas veces escucho cosas como:

  • “Todos los hombres de tal signo son infieles”.

  • “Los hombres de fuego siempre son agresivos”.



Siempre respondo lo mismo: ni la carta natal ni el género condenan a nadie. Un hombre con una carta llena de fuego puede aprender a usar esa energía para emprender, proteger de forma sana y amar con pasión, no para dominar.

Lo mismo vale para el género: ser hombre no determina que seas violento. Lo que marca la diferencia es la combinación de historia personal, creencias, entorno, nivel de conciencia y trabajo interno.

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Para cerrar:


  • La evidencia científica muestra que la gran mayoría de los hombres no sostiene actitudes hostiles ni abiertamente sexistas.

  • Existe una minoría con rasgos claramente tóxicos que sí representa un fuerte riesgo social.

  • Necesitamos prevención más precisa: dejar de tratar a todos los hombres como si fueran el problema y empezar a diferenciar perfiles, responsabilidades y posibilidades de cambio.



Si eres hombre y te sientes atacado por el discurso de “todos son iguales”, te invito a una pregunta incómoda pero muy poderosa:
“¿Qué puedo hacer yo, desde donde estoy, para que las mujeres se sientan un poco más seguras y respetadas a mi alrededor?”

Y si eres mujer y sientes que ya no puedes confiar, también tiene sentido. Quizá el primer paso sea cuidarte, ponerte límites claros y rodearte de hombres que muestren con hechos que sí existen otras formas de masculinidad.

Desde la psicología, la astrología y la simple experiencia humana, yo lo veo cada día: no todos los hombres son tóxicos, pero todas las masculinidades necesitan conciencia, revisión y responsabilidad. Ahí está el verdadero camino de prevención y cambio.







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